(Madrid, 1922 - 2002), fue uno de los poetas más completos de la generación de la posguerra. Su obra empezó manteniéndose al margen de la lírica dominante siguiendo un cierto juanramonismo , haciéndose poco a poco desarraigada y existencial, hasta ahondar también en la poesía social.
Sus poemas han sido de pensamiento y de sentimiento, con un estilo directo y apasionado con una hondura y sencillez que lo hace muy cercano al lector. No obstante también realizó poesía experimental (collage lingüístico, monólogo dramático, culturalismo...). Como curiosidad, es autor de uno de los sonetos más conocidos en castellano, cuyos catorce versos acaban todos con la palabra “nada”.
Me da pena pensar que algún día querré ver de nuevo este espacio,
tornar a este instante.
Me da pena soñarme rompiendo mis alas
contra muros que se alzan e impiden que pueda volver a encontrarme.
Estas ramas en flor que palpitan y rompen alegres
la apariencia tranquila del aire,
esas olas que mojan mis pies de crujiente hermosura,
el muchacho que guarda en su frente la luz de la tarde,
ese blanco pañuelo caído tal vez de unas manos,
cuando ya no esperaban que un beso de amor las rozase...
Me da pena mirar estas cosas, querer estas cosas,
guardar estas cosas. Me da pena soñarme volviendo a buscarlas,
volviendo a buscarme,
poblando otra tarde como esta de ramas que guarde en mi alma,
aprendiendo en mí mismo que un sueño no puede volver otra vez a soñarse.
(De “Alegría”, 1947)


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