(Almendralejo, Badajoz, 1808 – Madrid, 1842), nuestro poeta romántico más destacado y uno de los más importantes de toda nuestra literatura. También fue un activo revolucionario progresista. Es autor de la poesía que, sin duda, es la más famosa en España, sabida de memoria buena parte de ella por todos los escolares: “La canción del pirata”: Con diez cañones por banda / viento en popa, a toda vela…”, uno de los cantos a la Libertad más bellos que se han escrito jamás.
No obstante para esta antología me inclino por otras muestras de su poesía tal vez menos conocidas por tratarse de largos poemas de miles de versos (“El estudiante de Salamanca” o “El diablo mundo”) pero que son parte fundamental de nuestra mejor poesía.
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¿Qué es el hombre? Un misterio. ¿Qué es la vida?
¡Un misterio también!... Corren los años
su rápida carrera, y escondida
la vejez llega envuelta en sus engaños;
vano es llorar la juventud perdida,
vano buscar remedio a nuestros daños:
un sueño es lo presente de un momento,
¡muerte es el porvenir; lo que fue, un cuento!...
Los siglos a los siglos se atropellan,
los hombres a los hombres se suceden,
en la vejez sus cálculos se estrellan,
su pompa y glorias a la muerte ceden.
La luz que sus espíritus destellan
muere en la niebla que vencer no pueden,
¡y es la historia del hombre y su locura
una estrecha y hedionda sepultura!...
Necio, dirán, ¿tu espíritu altanero,
dónde te arrastra, que insensato quiere
en un mundo infeliz, perecedero,
vivir eterno mientras todo muere?
¿Qué hay inmortal, ni aun firme y duradero?
¿Qué hay que la edad con su rigor no altere?
¿No ves que todo es humo, y polvo, y viento?
¡Loco es tu afán, inútil tu lamento!...
Débil mortal, no te asuste
mi oscuridad ni mi nombre;
en mi seno encuentra el hombre
un término a su pesar.
Yo compasiva le ofrezco
lejos del mundo un asilo
donde a mi sombra tranquilo
para siempre duerma en paz.
Isla yo soy del reposo
en medio el mar de la vida,
y el marinero allí olvida
la tormenta que pasó…
Soy melancólico sauce
que su ramaje doliente
inclina sobre la frente
que arrugara el padecer,
y aduerme al hombre, y sus sienes
con fresco jugo rocía
mientras el ala sombría
bate el olvido sobre él.
Soy la virgen misteriosa
de los últimos amores,
y ofrezco un lecho de flores,
sin espina ni dolor,
y amante doy mi cariño
sin vanidad ni falsía;
no doy placer ni alegría,
mas es eterno mi amor.
En mí la ciencia enmudece,
en mí concluye la duda,
y árida, clara y desnuda,
enseño yo la verdad;
y de la vida y la muerte
al sabio muestro el arcano ,
cuando al fin abre mi mano
la puerta a la eternidad…
Deja que inquieten al hombre,
que loco al mundo se lanza,
mentiras de la esperanza,
recuerdos del bien que huyó;
mentiras son sus amores,
mentiras son sus victorias,
y son mentiras sus glorias,
y mentira su ilusión.
Cierre mi mano piadosa
tus ojos al blanco sueño,
y empape suave beleño
tus lágrimas de dolor.
Yo calmaré tu quebranto
y tus dolientes gemidos,
apagando los latidos
de tu herido corazón…


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