los romances eran poemas anónimos de tradición oral que en la Edad Media se recitaban de pueblo en pueblo de memoria, muy a menudo por personas ciegas. Sus versos variaban dependiendo de quien los recitaba y se convirtieron, por tanto, en creaciones colectivas del pueblo español que contaban sucesos famosos, amores, historias bíblicas, etcétera.
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Madrugaba el Conde Olinos,
mañanita de San Juan,
a dar agua a su caballo
a las orillas del mar.
Mientras su caballo bebe
canta un hermoso cantar:
las aves que iban volando
se paraban a escuchar;
caminante que camina
detiene su caminar;
navegante que navega
la nave vuelve hacia allá.
Bebe, mi caballo, bebe,
Dios te me libre del mal,
de los vientos de la tierra
y de las furias del mar.
La reina que lo está oyendo
desde su palacio real:
- Mira, hija, cómo canta
la sirenita del mar.
- No es la sirenita, madre,
que esa tiene otro cantar;
que es la voz del conde Olinos,
que por mí penando está.
- Si es la voz del conde Olinos
yo le mandaré matar,
que para casar contigo
le falta sangre real.
- ¡No le mande matar, madre;
no le mande usted matar,
pues si mata al conde Olinos
juntos nos han de enterrar!
La reina mandaba presto
al conde Olinos buscar.
- ¡Que lo maten a lanzadas
y echen su cuerpo a la mar!
Mientras tanto la infantina
no cesaba de llorar.
Él murió a la media noche;
ella, al los gallos cantar.
A ella, como hija de reyes,
la entierran en el altar,
y a él, como hijo de condes,
unos pasos más atrás.
De ella nace un rosal blanco;
de él, un espino albar.
Crece el uno, crece el otro,
los dos se van a juntar.
La reina, llena de envidia,
ambos los mandó cortar.
De ella naciera una garza;
de él, un fuerte gavilán.
Juntos vuelan por el cielo,
juntos vuelan par a par.


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