(Bilbao, 1916 – Majadahonda, Madrid, 1979) su poesía es una permanente búsqueda que parte del yo para adentrase en el escepticismo y el existencialismo y posteriormente descubrir el “nosotros” en una poesía social sin perder ese corte existencialista, esta vez expresado como voz común para lo que él denominó “la inmensa mayoría” en un conocido poema.
Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.
Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.
Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.
(De “Pido la paz y la palabra”, 1955)


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