(¿?, 1440-Santa María del Campo Rus, Cuenca, 1479), autor de una obra poética más extensa (amorosa, burlesca y moral), ha pasado a la historia universal por la presente elegía dedicada a su padre, uno de los poemas más bellos jamás escritos en lengua alguna. Paradigma del poeta soldado medieval, aunó las virtudes del buen capitán: el heroísmo, la prudencia y la fortaleza; y las del filósofo: generosidad, estoicismo, amor. En las guerras políticas entre castellanos en la Castilla medieval ya reconquistada, encuentra la muerte batallando antes de haber cumplido los cuarenta años.
Manrique optó por escribir las Coplas en versos de arte menor (octosílabo y pentasílabo) de pie quebrado (versos de cinco sílabas intercalados en los octosílabos) dando con ello un tono íntimo, sin grandilocuencia, y un ritmo de repique de campanas a muerto y de gorigori.
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Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte,
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.
Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
más que duró lo que vio,
pues que todo ha de pasar
por tal manera.
Nuestras vidas son los ríos,
que van a dar en la mar,
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
allegados , son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos…
Este mundo es el camino
para el otro que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
Partimos cuando nacemos,
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos,
así que cuando morimos
descansamos…
Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que, en este mundo traidor,
aun primero que muramos
las perdemos.
De ellas deshace la edad,
de ellas casos desastrados
que acaecen,
de ellas, por su calidad,
en los más altos estados
desfallecen.
Decidme: la hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
la color y la blancura
cuando viene la vejez,
¿cuál se para?
Las mañas y ligereza
y la fuerza corporal
de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega al arrabal
de senectud...
Estos reyes poderosos
que vemos por escrituras
ya pasadas,
con casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
trastornadas;
así que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
y prelados,
así los trata la muerte
como a los pobres pastores
de ganados...
Aquel de buenos abrigo,
amado, por virtuoso
de la gente,
el maestre don Rodrigo
Manrique, tanto famoso
y tan valiente;
sus hechos grandes y claros
no cumple que los alabe,
pues los vieron;
ni los quiero hacer caros
pues el mundo todo sabe
cuáles fueron.
¡Qué amigo de sus amigos!,
¡qué señor para criados
y parientes!
¡Qué enemigo de enemigos!
¡Qué maestro de esforzados
y valientes!
¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos!
¡Qué razón!
¡Qué benigno a los sujetos!
¡A los bravos y dañosos,
qué león!...
Después de puesta la vida
tantas veces por su ley
al tablero ,
después de tan bien servida
la corona de su rey
verdadero,
después de tanta hazaña
a que no puede bastar
cuenta cierta,
en la su villa de Ocaña
vino la Muerte a llamar
a su puerta,
diciendo: "Buen caballero,
dejad el mundo engañoso
y su halago;
vuestro corazón de acero
muestre su esfuerzo famoso
en este trago ;
y pues de vida y salud
hicisteis tan poca cuenta
por la fama;
esfuércese la virtud
para sufrir esta afrenta
que vos llama.
No se os haga tan amarga
la batalla temerosa
que esperáis,
pues otra vida más larga
de la fama glorïosa
acá dejáis.
Aunque esta vida de honor
tampoco no es eternal
ni verdadera,
mas, con todo, es muy mejor
que la otra temporal,
perecedera…
Así, con tal entender,
todos sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer,
y de sus hijos y hermanos
y criados,
dio el alma a quien se la dio
(el cual la ponga en el cielo,
en su gloria),
que aunque la vida perdió,
dejónos harto consuelo
su memoria.


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