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Poetas del Medieval e hispanoárabe

Jorge Manrique

(¿?, 1440-Santa María del Campo Rus, Cuenca, 1479), autor de una obra poética más extensa (amorosa, burlesca y moral), ha pasado a la historia universal por la presente elegía dedicada a su padre, uno de los poemas más bellos jamás escritos en lengua alguna. Paradigma del poeta soldado medieval, aunó las virtudes del buen capitán: el heroísmo, la prudencia y la fortaleza; y las del filósofo: generosidad, estoicismo, amor. En las guerras políticas entre castellanos en la Castilla medieval ya reconquistada, encuentra la muerte batallando antes de haber cumplido los cuarenta años.

Manrique optó por escribir las Coplas en versos de arte menor (octosílabo y pentasílabo) de pie quebrado (versos de cinco sílabas intercalados en los octosílabos) dando con ello un tono íntimo, sin grandilocuencia, y un ritmo de repique de campanas a muerto y de gorigori.

Enlaces de interes: es.wikipedia.org

Coplas por la muerte de su padre

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Coplas por la muerte de su padre (Frangmento)

Recuerde el alma dormida,

avive el seso y despierte,

contemplando

cómo se pasa la vida,

cómo se viene la muerte

tan callando,

cuán presto se va el placer,

cómo, después de acordado,

da dolor;

cómo, a nuestro parecer,

cualquiera tiempo pasado

fue mejor.


Pues si vemos lo presente

cómo en un punto se es ido

y acabado,

si juzgamos sabiamente

daremos lo no venido

por pasado.

No se engañe nadie, no,

pensando que ha de durar

lo que espera

más que duró lo que vio,

pues que todo ha de pasar

por tal manera.


Nuestras vidas son los ríos,

que van a dar en la mar,

que es el morir;

allí van los señoríos

derechos a se acabar

y consumir;

allí los ríos caudales,

allí los otros medianos

y más chicos,

allegados , son iguales

los que viven por sus manos

y los ricos…


Este mundo es el camino

para el otro que es morada

sin pesar;

mas cumple tener buen tino

para andar esta jornada

sin errar.

Partimos cuando nacemos,

andamos mientras vivimos,

y llegamos

al tiempo que fenecemos,

así que cuando morimos

descansamos…


Ved de cuán poco valor

son las cosas tras que andamos

y corremos,

que, en este mundo traidor,

aun primero que muramos

las perdemos.

De ellas deshace la edad,

de ellas casos desastrados

que acaecen,

de ellas, por su calidad,

en los más altos estados

desfallecen.


Decidme: la hermosura,

la gentil frescura y tez

de la cara,

la color y la blancura

cuando viene la vejez,

¿cuál se para?

Las mañas y ligereza

y la fuerza corporal

de juventud,

todo se torna graveza

cuando llega al arrabal

de senectud...


Estos reyes poderosos

que vemos por escrituras

ya pasadas,

con casos tristes, llorosos,

fueron sus buenas venturas

trastornadas;

así que no hay cosa fuerte,

que a papas y emperadores

y prelados,

así los trata la muerte

como a los pobres pastores

de ganados...


Aquel de buenos abrigo,

amado, por virtuoso

de la gente,

el maestre don Rodrigo

Manrique, tanto famoso

y tan valiente;

sus hechos grandes y claros

no cumple que los alabe,

pues los vieron;

ni los quiero hacer caros

pues el mundo todo sabe

cuáles fueron.


¡Qué amigo de sus amigos!,

¡qué señor para criados

y parientes!

¡Qué enemigo de enemigos!

¡Qué maestro de esforzados

y valientes!

¡Qué seso para discretos!

¡Qué gracia para donosos!

¡Qué razón!

¡Qué benigno a los sujetos!

¡A los bravos y dañosos,

qué león!...


Después de puesta la vida

tantas veces por su ley

al tablero ,

después de tan bien servida

la corona de su rey

verdadero,

después de tanta hazaña

a que no puede bastar

cuenta cierta,

en la su villa de Ocaña

vino la Muerte a llamar

a su puerta,


diciendo: "Buen caballero,

dejad el mundo engañoso

y su halago;

vuestro corazón de acero

muestre su esfuerzo famoso

en este trago ;

y pues de vida y salud

hicisteis tan poca cuenta

por la fama;

esfuércese la virtud

para sufrir esta afrenta

que vos llama.


No se os haga tan amarga

la batalla temerosa

que esperáis,

pues otra vida más larga

de la fama glorïosa

acá dejáis.

Aunque esta vida de honor

tampoco no es eternal

ni verdadera,

mas, con todo, es muy mejor

que la otra temporal,

perecedera…


Así, con tal entender,

todos sentidos humanos

conservados,

cercado de su mujer,

y de sus hijos y hermanos

y criados,

dio el alma a quien se la dio

(el cual la ponga en el cielo,

en su gloria),

que aunque la vida perdió,

dejónos harto consuelo

su memoria.

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