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¿Qué son los psicofármacos?
Guía para Mujeres sordas

Psicofármacos y mujeres: ¿Cómo afectan a las mujeres?

Psicofármacos y mujeres sordas

No hay ningún estudio que analice la situación de las mujeres sordas y el consumo de psicofármacos. La sordera no tiene relación directa con tener problemas emocionales o problemas de salud mental. Pero la discriminación en la que todavía vivimos las mujeres sordas sí puede generarnos problemas de autoestima, depresión, estrés o ansiedad.


Cada una de nosotras somos muy diferentes. Pero todas las mujeres sufrimos los efectos de las barreras de comunicación, la discriminación educativa y la falta de apoyo afectivo-emocional.


El vínculo familiar es fundamental para el desarrollo afectivo, emocional y social. La mayoría de mujeres sordas hemos nacido en familias oyentes. A algunas, cuando éramos niñas nos han hecho sentir inútiles. No nos hemos podido comunicar con fluidez ni participar en las conversaciones familiares, y hemos crecido sobreprotegidas y sobrecontroladas. Como consecuencia muchas tenemos baja autoestima, nos sentimos torpes en las relaciones sociales y nos cuesta mantener relaciones afectivas. Nos faltan palabras y signos para explicar lo que sentimos, no sabemos identificar nuestras emociones ni expresar lo que necesitamos.

“…parece claro que es difícil tener buenas habilidades sociales y un adecuado equilibrio personal si no se tienen ricas y variadas experiencias sociales, si no se comprende más que muy ocasionalmente lo que sucede a nuestro alrededor, si no se dispone más que de un vocabulario limitado para expresar y comprender pensamientos y sentimientos, si se tiene la sensación de ser menos capaz e inferior a los otros y si se necesita siempre del otro para resolver dificultades. “
1. Valmaseda Balanzategui, Marian (2009). “La Alfabetización Emocional de los Alumnos sordos”. Revista Latinoamericana de Inclusión Educativa. Nº1, Vol. 3 (2009) pp. 147-163

Todavía existen familias que no confían en nuestras capacidades intelectuales y solo esperan de nosotras que encontremos un marido, o que cuidemos a las personas mayores de la familia.


El sistema educativo no es eficaz. La mayoría de mujeres sordas, a pesar de haber estado escolarizadas, no terminamos de tener un buen nivel de lectoescritura. Esta situación nos aísla más. Reconocer nuestros límites en lectoescritura nos frustra y nos limita a participar en espacios sociales.


Para una mujer joven sorda pensar en lograr unos estudios superiores supone un esfuerzo intelectual mayor, una lucha continua para conseguir accesibilidad y una inversión de dinero. Muchas tenemos que enfrentarnos a nuestras familias para poder estudiar. Vivimos mayores situaciones de presión y exigencia.


Tenemos más dificultades de conseguir un empleo. Por lo que muchas mujer sordas, asumimos el rol de cuidadoras en nuestras familias o aceptamos trabajos repetitivos con malas condiciones. Sin poder cumplir nuestras metas. Dentro de nosotras nos queda la impotencia, una rabia interna que muchas veces exteriorizamos con enfado.

También son factores de estrés y nerviosismo todas las situaciones del día a día en las que nos seguimos encontrando barreras de comunicación: en el trabajo si la mayoría de compañeros y compañeras son oyentes, en el instituto, en nuestra propia familia, en el centro de salud, etc. Estas situaciones durante largos periodos de tiempo pueden generar cuadros depresivos.


Además, los centros de salud son poco accesibles. Los profesionales de la salud no conocen nuestra realidad como mujeres sordas y los diagnósticos no son fiables. Existen muy pocas personas especialistas en medicina, psicología o psiquiatría que conozcan la realidad de las personas sordas. Es muy difícil entablar una buena comunicación con el personal sanitario. Muchas veces nuestras familias quieren acompañarnos, no confían en nosotras, o es difícil encontrar intérpretes de lengua de signos. Otra limitación es no entender los prospectos de la medicación que nos recetan, puede que estemos tomando psicofármacos y no lo sepamos.


Para muchas de nosotras ir superando barreras a lo largo de la vida nos ha hecho más fuertes, más valientes y constantes. Para las niñas y jóvenes sordas, es muy importante conocer a mujeres sordas empoderadas. Las asociaciones del movimiento asociativo de personas sordas son nuestro lugar de referencia porque nos hace sentir dentro de una comunidad y nos ayuda a entender nuestra identidad. Tenemos que crear nuestros espacios en el movimiento asociativo, donde nos apoyemos entre nosotras, creando sororidad, y así intercambiar experiencias, acostumbremos a hablar de nuestros sentimientos y cuidar nuestra salud emocional como una prioridad.

“El liderazgo que pueden ejercer las mujeres dentro del movimiento asociativo supone una fortaleza importante para el “empoderamiento” del resto de las mujeres de la comunidad sorda, contribuyendo a visualizar la imagen de las mujeres, promover su autoestima, la creación de redes, las relaciones interpersonales y la participación.”

En resumen…

La sordera no tiene relación directa con tener problemas emocionales. Pero la discriminación las mujeres sordas viven puede influir en que aparezcan problemas de salud mental: barreras de comunicación y acceso a los servicios sanitarios, falta de comunicación en la familia, carencias del sistema educativo, falta de vocabulario para identificar cómo se sientes, etc.