
LA AUTOESTIMA
"El sueño de mateo"
Mateo tiene un claro problema de baja autoestima. Como nos dice el cuento en el primer retrato de su protagonista, Mateo sabe muy bien lo que desea «Esa era su gran pasión; jugar como ellos», pero no se atreve a intentarlo porque tiene miedo al fracaso, porque su concepto de sí mismo es malo y está lejos de su «yo» ideal.
La autoestima es la columna vertebral sobre la que se mueve nuestra capacidad para tomar decisiones y de aceptar retos. Cuando un niño tiene baja autoestima, no tiene ganas de poner a prueba sus capacidades. Prefiere no arriesgar porque está convencido de que fracasará.
Mateo tiene la suerte de contar con un buen amigo, Juan Begé, que confía en él más que el propio Mateo. En el cuento, Juan juega el papel que debemos realizar los padres. No le obliga, pero le ayuda suavemente a que se enfrente a su miedo: le acompaña al campo a ver los partidos, le anima y le da buenos consejos «le propuso que se metiera ya de una vez en el equipo del colegio … y le dijo también que dejara de ponerle la oreja a su primita» y, sobre todo, como le quiere y le conoce, le facilita la decisión poniéndole al borde de ella «con la excusa de atajar por el campo de fútbol, consiguió llevarle delante del entrenador».
En el cuento, su prima Esmeralda simboliza lo que Mateo piensa de sí mismo. Ella reproduce públicamente lo que Mateo se repite a sí mismo en su mente «soy malo, soy malo…». Por eso la prima tiene tanta capacidad de hacerle daño. En este sentido, es importante que como padres ayudemos a los hijos a afrontar los sentimientos negativos, ayudándoles a ver lo que tienen de positivo y, como hace su amigo Juan en el relato, orientándoles a que pongan en marcha sus capacidades y sus deseos. Pero para poder hacerlo debemos conocer bien sus capacidades y limitaciones, y sobre este conocimiento, orientarles y motivarles.
Por último, al igual que hace la madre, debemos elogiar y apoyar sus decisiones «Así me gusta, eres un valiente. Iremos todos los sábados a verte jugar. Seguro que lo haces muy bien». Él debe saber que nuestro apoyo es incondicional y que sus fracasos son pasajeros y necesarios. Es el aprendizaje de saber que «no pasa nada», porque todos tenemos fracasos y estos son necesarios para madurar y mejorar.
Afrontando el partido y superando la influencia de Esmeralda, Mateo desafía a sus miedos y así logra superarlos «Desde aquel partido, Mateo sigue entrenando todas las semanas, y cada vez se siente menos malo». Los miedos solo se puedan superar afrontándolos y nuestro trabajo como padres consiste en ayudarles con delicadeza a que lo vayan haciendo. Desde luego, nunca desde la acción directa, porque puede traumatizar al niño o puede crear un rechazo que dificulte aún más su cura, pero sí desde la aproximación paulatina y el apoyo indirecto, tal como hace su amigo Juan y sus padres a lo largo del relato.
Cuidar y reforzar la autoestima de los hijos debe ser una prioridad educativa de los padres, ya que sobre ella construirán su futuro.